Hace poco he leído las quejas de un blogger que estaba harto de ver tantas bombillas esparcidas por los árboles de la ciudad y a la gente desenfrenada comprando porque había llegado la Navidad.Por un lado comprendo sus protestas al ver lo que él consideraba un desperdicio de energías –tanto por la luz como por el esfuerzo de la gente-; pero por otro lado me parece que solo es un desperdicio si son manifestaciones vacías de contenido. ¿Es absurdo que con motivo de estas fiestas haya tantas familias que se reúnan para celebrar?, ¿es absurdo que por Navidad todas las tiendas busquen slogans que tienen algo que ver con “paz, amor y amistad”?, ¿es absurdo que por estas fechas muchas personas encuentren un motivo por el que ser generosos y sean las fechas en las que se reciben más donativos en ONG’s y centros de beneficencia?
Es muy fácil mirar alrededor y criticar lo que vemos de sinsentido en los demás, pero verdaderamente… ¿cuál es el sentido de todo este “montaje”? Creo que en Kazajstán lo han descubierto. Como en su lengua no tenían palabras con las que desear una feliz Navidad, la traducción de lo que dicen es “¡Feliz cumpleaños de Jesús!”. A lo mejor es un momento de que redescubramos la verdadera belleza de la Navidad y así entenderemos por qué son días tan alegres.



Roland Barthes, en su libro La cámara lúcida, distingue dos elementos que al coexistir dan interés a una fotografía: el studium y el punctum. El studium es aquello que resulta familiar a la cultura del sujeto. El punctum, es lo que punza al espectador creando un campo ciego, ya que al oscurecer todo lo demás, sólo permite ver lo que te llama la atención. A veces lo que conquista no es el motivo de la foto, sino un detalle que arrastra la lectura con un estremecimiento interior; un algo que violenta, porque llena la vista a la fuerza. Cuando una fotografía no dice nada es porque tiene studium pero no tiene punctum, viene a ser como una buena técnica o un contenido interesante pero al que le falta alma.
El cine, como los demás artes, es un modo que tiene el hombre de expresar sus sentimientos e inquietudes; y uno de los temas que más intriga al ser humano es el porvenir, ya que no sabe con seguridad qué le deparará el futuro. El cine es un arte muy joven y en los pocos años que lleva de vida, un gran número de películas han abordado este tema. Lo que llama la atención es que la gran parte de las películas futuristas ofrecen una perspectiva muy negativa, con falta de esperanza, como si el hombre estuviera abocado a la autodestrucción.


