domingo, 4 de diciembre de 2011

El ojo ve, el oído imagina


Ayer vi el documental El hombre de la cámara de cine, de Dziga Vertov. Me parece increíble el montaje, y me llamó mucho la atención cómo cambia la percepción de lo que ocurre en la pantalla dependiendo de la música con que se acompañe. El DVD ofrecía tres posibilidades: dos bandas sonoras inspiradas en las anotaciones que dejó el propio cineasta y unos comentarios a las distintas escenas en inglés y sin música. Con la opción de la Alloy Orchestra de 1996 me atrapó completamente, se me pasaron los 70 minutos en un abrir y cerrar de ojos. En cambio con la versión hecha entre Geir Jenssen y Per Martinsen solamente me gustó (sin aumentativos), y con la voz que lo comentaba en inglés me pareció interesante, pero un poco largo.

La música es un elemento muy expresivo, de hecho en un producto audiovisual, lo más importante de la música es que diga algo. Es el arte de organizar sensible y lógicamente una combinación coherente de sonidos y silencios utilizando los principios fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo, mediante la intervención de complejos procesos psico-anímicos. La música sugiere, es un hecho innegable. Como imagen auditiva que es, trae recuerdos de otras imágenes o de sentimientos. En la configuración sinfónica se pueden observar ejemplos muy variados. Al mismo tiempo cada periodo musical tiene sus peculiaridades e incluso instrumentos característicos, que pueden provocar distintas reacciones anímicas.

En esta actividad asociativa hay elementos que son universales, pero a la vez interviene una gran dosis de subjetividad, y en la gran mayoría de los casos, no es algo consciente, sino cuestión de sensibilidad.

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