miércoles, 16 de noviembre de 2011

La aventura de la fotografía

12 noviembre Cumpleaños de Barthes

Roland Barthes, en su libro La cámara lúcida, distingue dos elementos que al coexistir dan interés a una fotografía: el studium y el punctum. El studium es aquello que resulta familiar a la cultura del sujeto. El punctum, es lo que punza al espectador creando un campo ciego, ya que al oscurecer todo lo demás, sólo permite ver lo que te llama la atención. A veces lo que conquista no es el motivo de la foto, sino un detalle que arrastra la lectura con un estremecimiento interior; un algo que violenta, porque llena la vista a la fuerza. Cuando una fotografía no dice nada es porque tiene studium pero no tiene punctum, viene a ser como una buena técnica o un contenido interesante pero al que le falta alma.

Lo que llama la atención o provoca la “aventura” en la fotografía es a menudo la contrariedad o dualidad que puede haber en ella. La imagen habla en silencio, induce a pensar, aunque muchas veces con efectos retardados. Las fotografías son como un testimonio de que el referente ha existido verdaderamente, es un “esto ha sido” y por lo tanto no puede mentir. Es una emanación del referente, los mismos rayos luminosos que un día provocaron una fotografía, son los que ahora penetran en los ojos de aquél que la mira, por eso la fecha forma parte de la foto, muestra algo que fue y que ya no volverá a repetirse exactamente.

Tomar una fotografía -según Cartier-Bresson- es alinear la cabeza, el ojo y el corazón. Esto muestra que es un arte muy humano: penetra la realidad yendo más allá de la mera percepción, y a la vez integra todas las potencias del hombre.

El futuro en imágenes

Ya a la venta el DVD The Host, película coreana de monstruos como consecuencia de experimentación con armas biológicas

El cine, como los demás artes, es un modo que tiene el hombre de expresar sus sentimientos e inquietudes; y uno de los temas que más intriga al ser humano es el porvenir, ya que no sabe con seguridad qué le deparará el futuro. El cine es un arte muy joven y en los pocos años que lleva de vida, un gran número de películas han abordado este tema. Lo que llama la atención es que la gran parte de las películas futuristas ofrecen una perspectiva muy negativa, con falta de esperanza, como si el hombre estuviera abocado a la autodestrucción.

En estas concepciones de lo que puede llegar a ser el futuro se refleja el miedo que tiene el ser humano de que el progreso y el desarrollo tecnológico que está alcanzando se le vaya de las manos y no lo pueda controlar. El hombre tiene miedo de sí mismo y lo refleja en un cine que pretende hacerle reflexionar sobre su destino, sobre el uso que le está dando a su propio poder.

Esta continua preocupación del hombre por lo que va a ser de él, le pude llevar a un estado de ansiedad en el que viva pensando más en lo que le traerá el futuro, que en aprovechar el presente. Es necesario tener la vista en el futuro, pero no se puede tener únicamente en él. Para alcanzar la felicidad no es necesario esperar a que haya un desarrollo completo de todas nuestras facultades, sino que hay que aprender a disfrutar de lo que se tiene y hacer partícipe de ello a los demás, a la vez que luchas por mejorarlo.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Corazón con muros

29 de noviembre Cumpleaños de Silvio Rodríguez


En ocasiones se ha mitificado el trabajo artístico, de manera que parece que las obras de arte nazcan por una chispa de genialidad sin que requiera mayor esfuerzo. Pero esa chispa se enciende y sale adelante gracias a un continuo comenzar y recomenzar en una lucha del artista por encontrar su propia voz. Se podría decir que el artista debe vencer tres murallas: las de la realidad, las de su propia expresividad y las de la percepción de aquellos a quienes dirige su obra.

Silvio Rodríguez busca la clave poética con la que saltar los muros que cierran el corazón al que dirige su canción, pero a veces es el propio poeta el que se encuentra rodeado de muros que debe saltar para lograr expresar lo que comienza a vislumbrar. Así como el tacto puede limitarse a un conocimiento superficial o transformar esa percepción en algo íntimo, también la creación artística puede quedarse en la superficie de una técnica bien lograda, o establecer un diálogo profundo con la realidad. Es en ese diálogo donde puede surgir una obra que logre vencer la opacidad rebelde de la realidad, para poner en contacto dos sensibilidades.

El artista es como un explorador que descubre los misterios que la realidad encierra y lucha por revelarlos en sus obras, dejando en ellas a la vez jirones de su intimidad. Pone en sus obras el detonante con el que el observador pueda entrar en contacto consigo mismo mediante un lenguaje que habla a la sensibilidad. Una obra de arte es como un billete de vuelo, es dejarse guiar de la mano, es establecer una nueva amistad, ya que permite en cierto modo entrar en comunión con los destellos de humanidad que la obra encierra en sí.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Un día la belleza salvará el mundo

11 de noviembre Cumpleaños de Fiodor Dostoievsky
Todo el mundo tiene la experiencia cotidiana del encuentro con la belleza en personas, situaciones, objetos... aunque hay gente con una sensibilidad más aguda para percibirlas. ¿Es que la belleza es cuestión de percepción subjetiva? La mayor parte de los tratados de estética se quedan en una especie de historia del arte sin aportar elementos con los que discernir lo que es verdaderamente bello de lo que es una tomadura de pelo; pero... ¿por qué?, ¿es que la belleza se reduce a lo que pone el artista?

Las corrientes de pensamiento moderno estudian esta disciplina separada de la metafísica, y por tanto muy asentada sobre el subjetivismo. En cambio, la filosofía griega entendía la belleza como parte de la realidad, que se predica de manera analógica. ¿Qué es eso? Simplemente que las realidades bellas lo son de muy distintas maneras: no hablan de belleza, sino de poética, arte... siempre con base metafísica; consideran que es algo objetivo porque forma parte de la realidad, está en la realidad. En el fondo, estas posturas pueden corresponder a dos modos de encontrar la belleza: la belleza del “revestimiento”, el modo, estilo, el arreglo o la apariencia de algo; y la belleza en sí, que se reconoce como algo más consistente, serena, de raíces sólidas… se entiende que los griegos se preocupen explícitamente de la “bondad bella”, y que estuviese tan unida a la excelencia humana: es la forma de belleza que remite a cierta bondad de fondo, de la que ésta es como su brillo propio.

La belleza manifiesta la insuficiencia de la razón para comprender del todo, y a la vez abre a otro ámbito. Abre a una dimensión contemplativa: ese algo más que no es reductible a técnica, ni a números... la belleza permite ver una nueva dimensión de la vida, ser capaces de contemplar, vivir y gozar la realidad. Descuidar esta dimensión contemplativa es cerrarse a una de las características que nos hacen más humanos: sin belleza no se puede amar, ni vivir, ni rezar. Es comprensible que Dostoievsky afirmase, en boca del príncipe Mischkin, que la belleza salvará el mundo.