
En ocasiones se ha mitificado el trabajo artístico, de manera que parece que las obras de arte nazcan por una chispa de genialidad sin que requiera mayor esfuerzo. Pero esa chispa se enciende y sale adelante gracias a un continuo comenzar y recomenzar en una lucha del artista por encontrar su propia voz. Se podría decir que el artista debe vencer tres murallas: las de la realidad, las de su propia expresividad y las de la percepción de aquellos a quienes dirige su obra.
Silvio Rodríguez busca la clave poética con la que saltar los muros que cierran el corazón al que dirige su canción, pero a veces es el propio poeta el que se encuentra rodeado de muros que debe saltar para lograr expresar lo que comienza a vislumbrar. Así como el tacto puede limitarse a un conocimiento superficial o transformar esa percepción en algo íntimo, también la creación artística puede quedarse en la superficie de una técnica bien lograda, o establecer un diálogo profundo con la realidad. Es en ese diálogo donde puede surgir una obra que logre vencer la opacidad rebelde de la realidad, para poner en contacto dos sensibilidades.
El artista es como un explorador que descubre los misterios que la realidad encierra y lucha por revelarlos en sus obras, dejando en ellas a la vez jirones de su intimidad. Pone en sus obras el detonante con el que el observador pueda entrar en contacto consigo mismo mediante un lenguaje que habla a la sensibilidad. Una obra de arte es como un billete de vuelo, es dejarse guiar de la mano, es establecer una nueva amistad, ya que permite en cierto modo entrar en comunión con los destellos de humanidad que la obra encierra en sí.
Silvio Rodríguez busca la clave poética con la que saltar los muros que cierran el corazón al que dirige su canción, pero a veces es el propio poeta el que se encuentra rodeado de muros que debe saltar para lograr expresar lo que comienza a vislumbrar. Así como el tacto puede limitarse a un conocimiento superficial o transformar esa percepción en algo íntimo, también la creación artística puede quedarse en la superficie de una técnica bien lograda, o establecer un diálogo profundo con la realidad. Es en ese diálogo donde puede surgir una obra que logre vencer la opacidad rebelde de la realidad, para poner en contacto dos sensibilidades.
El artista es como un explorador que descubre los misterios que la realidad encierra y lucha por revelarlos en sus obras, dejando en ellas a la vez jirones de su intimidad. Pone en sus obras el detonante con el que el observador pueda entrar en contacto consigo mismo mediante un lenguaje que habla a la sensibilidad. Una obra de arte es como un billete de vuelo, es dejarse guiar de la mano, es establecer una nueva amistad, ya que permite en cierto modo entrar en comunión con los destellos de humanidad que la obra encierra en sí.
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