Hoy he terminado las clases a las 18'00 y ya era de noche. Estaba caminando despreocu-padamente hacia casa y al levantar la vista no he podido más que sonreír: ¡la luna! Estaba preciosa, totalmente llena, grande y brillante. Me ha venido a la cabeza que muchas otras personas mirarán hoy la luna, ¿y qué verán?El Principito de Saint Exupéry encuentra bellas las estrellas porque sabe que en una de ellas está su flor; no le llaman la atención por su brillo o su belleza, sino por el recuerdo que ellas le evocan. El hombre-lobo siente miedo cuando sale la luna, porque sabe que en pocos instantes comenzará a transformarse. Fievel, el ratoncito de Spielberg, mira la luna y sabe que en algún sitio, su hermana Tanya también estará mirándola. Y así podríamos seguir hasta el infinito.
Las percepciones y los sentimientos que se despiertan ante una misma cosa son muy diversos, es el “plus” que aporta el hecho de que somos humanos. El arte y la belleza no son algo chato y unívoco, ya que cualquier realidad está enriquecida por la variedad de las propias vivencias.




