domingo, 22 de enero de 2012

¿Y tú qué ves?

Hoy he terminado las clases a las 18'00 y ya era de noche. Estaba caminando despreocu-padamente hacia casa y al levantar la vista no he podido más que sonreír: ¡la luna! Estaba preciosa, totalmente llena, grande y brillante. Me ha venido a la cabeza que muchas otras personas mirarán hoy la luna, ¿y qué verán?

El Principito de Saint Exupéry encuentra bellas las estrellas porque sabe que en una de ellas está su flor; no le llaman la atención por su brillo o su belleza, sino por el recuerdo que ellas le evocan. El hombre-lobo siente miedo cuando sale la luna, porque sabe que en pocos instantes comenzará a transformarse. Fievel, el ratoncito de Spielberg, mira la luna y sabe que en algún sitio, su hermana Tanya también estará mirándola. Y así podríamos seguir hasta el infinito.

Las percepciones y los sentimientos que se despiertan ante una misma cosa son muy diversos, es el “plus” que aporta el hecho de que somos humanos. El arte y la belleza no son algo chato y unívoco, ya que cualquier realidad está enriquecida por la variedad de las propias vivencias.

sábado, 21 de enero de 2012

Como en un cuento de hadas

Hay realidades que parecen mentira y mentiras que parecen realidad. Eso es lo que pensé la primera vez que llegué al barrio Coppedè en Roma. Es una zona poco conocida por los turistas, pero que vale la pena visitar por la originalidad y belleza de sus edificios y sus calles.

Es el experimento artístico-arquitectónico más original emprendido en Roma en los primeros decenios del siglo pasado. Se encuentra entre la Salaria y la Nomentana. Su curioso apelativo se debe al nombre de su creador, el arquitecto y escultor florentino Gino Coppedè, que lo proyectó y dirigió la mayor parte de su construcción a partir de 1913, y tras una pausa por la I Guerra Mundial, hasta su muerte en 1926.

Para acceder a la zona hay que pasar bajo un arco en el que hay una lámpara de araña, y está en medio de la calle, como si fuera lo más normal. La atmósfera que se respira es un poco surrealista, da la sensación de haberse “colado” en un cuento. Es un ambiente onírico, en el que se ha cuidado hasta el más mínimo detalle de decoración. Es una mezcla entre el modernismo de Gaudí y el arte Liberty. Vale la pena acercarse por la zona.

Un'ora sola ti vorrei

Estoy estudiando un documental italiano que se llama Un’ora sola ti vorrei (Te querría solo una hora), de Alina Marazzi (2002). Es un montaje de found footage, que consiste en construir una historia propia a partir de fragmentos del pasado. En este caso la historia que cuenta no es algo ajeno a la directora, ya que narra la vida de su madre a partir de sus diarios y cartas. Las imágenes provienen de unas cintas que había grabado su abuelo con las típicas escenas familiares.

Alina Marazzi asume el papel de su propia madre a través de una voz en off que cuenta en primera persona la historia de su vida, y actúa como catalizador a base de contrastes entre lo que muestra la imagen y lo que se dice con palabras, o sugiriendo actitudes por el tipo de música o de sonido ambiente al que se asocia.

Me parece que juega con la imagen, el sonido y la historia con mucho sentido estético. Logra trascender el caso concreto y personal, evocando sentimientos, haciendo referencias universales sobre situaciones familiares, crisis personales, enfermedades… Es muy interesante descubrir la gran riqueza expresiva que encierra un buen montaje de imagen y sonido.

martes, 10 de enero de 2012

Estética de lo cotidiano

Alguno se puede preguntar qué pinta un apartado de links llamado “Estética de lo cotidiano” en un blog de sobre la belleza y la creatividad… Parece que belleza y cotidiano sean términos casi reñidos; pero si lo miramos bien, la mayor obra de arte que cada uno está llamado a realizar es su propia vida. Es un performance al que dedicaremos todo el tiempo del que disponemos, y el escenario en el que lo realizamos es la vida cotidiana.

Las vanguardias artísticas del siglo pasado han demostrado que no existe cosa alguna en el mundo que no pueda ser contemplada estéticamente. Hasta el objeto más ordinario, hasta la actividad más prosaica, puede ser bella en algún momento o bajo algún aspecto. O lo que es lo mismo, puede contemplarse. La mirada de un niño es escrutadora, incisiva, limpia y curiosa, no se conforma, busca siempre más. Es capaz de descubrir la belleza de lo ordinario porque todavía no se ha acostumbrado al mundo que le rodea y tiene la capacidad de asombro que a muchos adultos se les ha secado. La contemplación y el arte caben, pues, en la vida ordinaria; es más, ¿no será precisamente éste su territorio propio, y no el olimpo de los museos y otros lugares exquisitos?

Cada instante de la vida está empedrado de chispas de belleza que podemos paladear, y también el hogar es una mina en este sentido, pero hay que trabajarla para poder disfrutar de sus riquezas. Precisamente las llamadas “tareas domésticas” - cuando se realizan con profesionalidad y cariño- son como el pico que hace aflorar vetas de belleza y humanidad. Llegar a los pequeños detalles es obra del ingenio humano, que busca modos inéditos de hacer las mismas cosas: ese plus de humanidad que va más allá de la satisfacción de las exigencias básicas es la dimensión estética de lo ordinario.

lunes, 9 de enero de 2012

Si las piedras hablaran

En mi libro de texto de lengua española en primaria, estaba recogida la Fábula de Apolo y Dafne de Jacinto Polo de Medina. El poema me gustó, pero lo que se me quedó compleatamente grabado fue la foto de la escultura de Bernini que lo ilustraba. Me encantaba la extraña contradicción entre la frialdad del mármol y el vigor de las formas. Por eso cuando llegué a Roma no veía el momento de ir a la Galería Borguese para poderla ver directamente.

Allí disfruté girando alrededor suyo, participando de su drama, pero todavía fue mayor el impacto que tuve al ver lo que Bernini arrancó del mármol para transformarlo en pura belleza en movimiento: el rapto de Proserpina a manos de Plutón. Es una pena que a través de las fotos uno se hace solo una pálida idea de lo que es. Ante esa maravilla, por unos segundos dejé de ser consciente del entorno, como si se suspendiera el tiempo por unos instantes.
Los dedos de Plutón presionan la pierna de Proserpina con decisión y ternura al mismo tiempo, mientras que ella se retuerce para lograr liberarse. Ese mármol parece latir con vida propia con una tensión cuasi-eterna por la que cada día cientos de personas pasean sus ojos.