lunes, 9 de enero de 2012

Si las piedras hablaran

En mi libro de texto de lengua española en primaria, estaba recogida la Fábula de Apolo y Dafne de Jacinto Polo de Medina. El poema me gustó, pero lo que se me quedó compleatamente grabado fue la foto de la escultura de Bernini que lo ilustraba. Me encantaba la extraña contradicción entre la frialdad del mármol y el vigor de las formas. Por eso cuando llegué a Roma no veía el momento de ir a la Galería Borguese para poderla ver directamente.

Allí disfruté girando alrededor suyo, participando de su drama, pero todavía fue mayor el impacto que tuve al ver lo que Bernini arrancó del mármol para transformarlo en pura belleza en movimiento: el rapto de Proserpina a manos de Plutón. Es una pena que a través de las fotos uno se hace solo una pálida idea de lo que es. Ante esa maravilla, por unos segundos dejé de ser consciente del entorno, como si se suspendiera el tiempo por unos instantes.
Los dedos de Plutón presionan la pierna de Proserpina con decisión y ternura al mismo tiempo, mientras que ella se retuerce para lograr liberarse. Ese mármol parece latir con vida propia con una tensión cuasi-eterna por la que cada día cientos de personas pasean sus ojos.

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