miércoles, 7 de diciembre de 2011

El ojo mágico


Ayer una amiga me enseñó un libro de 3D; a simple vista parecen un montón de puntitos o manchas de colores, pero cuando lo miras de modo adecuado, se puede ver un volumen. Las primeras veces que conseguí verlo me sentía como los niños de Mary Poppins cuando entran en un cuadro del parque. A veces la realidad se presenta como estas imágenes porque es difícil descifrarla, parece una carta escrita en una lengua extranjera.

Otras veces la dificultad está en conceptualizar una idea y además hacerlo sería insuficiente, perdería mucho de su sentido profundo, sería como no presentar sus matices y reducirla hasta deformarla o tergiversarla. Por eso el ser humano acude a “topos” (lugares) que despierten la imaginación y susciten ideas similares en la mente del interlocutor. Esos “lugares” son las metáforas, la fantasía, el foco de luz que ilumina las ideas que se agitan confusas, complejas, deseando objetivarse para presentarse a los otros de manera clara.

Cuando era pequeña preguntaba con mucha frecuencia a las personas si les gustaba la película de Disney “Alicia en el país de las maravillas”. Era mi manera de distinguir si sabían mirar más allá de la realidad o si normalmente se quedaban en lo inmediato. Era una prueba a la que sometía a la gente parecida a la que hacía Saint-Exupéry en su libro “El Principito” con su dibujo de la boa que digiere un elefante. No todo el mundo disfruta con las metáforas y la fantasía, hace falta desarrollar ese “ojo mágico” que permite sintonizar con el encanto de esta dimensión.

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